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Cumbres Borrascosas

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INTRODUCCIÓN

-La Granja de los Tordos es mía -contestó, separándose un poco de mí, y ya comprenderá que a nadie le hubiera permitido que me molestase acerca de ella, si yo creyese que me incomodaba. Pase usted. Masculló aquel «pase usted» entre dientes, y más bien como si quisiera darme a entender que me fuese al diablo. Ni siquiera tocó la puerta para corroborar sus palabras. Pero ello mismo me inclinó a aceptar la invitación, porque parecía interesante aquel hombre, más reservado, al parecer, que yo mismo. Al ver que mi caballo empujaba la barrera de la valla, sacó la mano del chaleco, quitó la cadena de la puerta y me precedió de mala gana. Cuando llegamos al patio gritó: -¡José! Llévate el caballo del señor Lockwood y tráenos de beber. La doble orden dada a un mismo criado me hizo pensar que toda la servidumbre se reducía a él, lo que explicaba que entre las losas del suelo creciera la hierba y que los setos mostrasen señales de no ser cortados sino por el ganado que mordisqueaba sus hojas. José era un hombre maduro, o, mejor dicho, un viejo. Pero, a pesar de su avanzada edad, se conservaba sano y fuerte. « ¡Válgame el Señor! », Murmuró con tono de contrariedad, mientras se hacía cargo del caballo, a la vez que me miraba con tal acritud, que me fue precisa una gran dosis de benevolencia para suponer que impetraba el auxilio divino, a fin de poder digerir bien la comida y no con motivo de mi inesperada llegada. La casa en que habitaba el señor Heathcliff se llamaba Cumbres Borrascosas en el dialecto de la región. Y por cierto que tal nombre expresaba muy bien los rigores atmosféricos a que la propiedad se veía sometida cuando la tempestad soplaba sobre ella. Sin duda se disfrutaba allí de buena ventilación. El aire debía de soplar con mucha violencia, a juzgar por lo inclinados que estaban algunos pinos situados junto a la casa, y algunos arbustos cuyas hojas, como si implorasen al sol, se dirigían todas en un mismo sentido. Pero el edificio era de sólida construcción, con gruesos muros, según podía apreciarse por lo profundo de las ventanas, y con recios guardacantones protegiendo sus ángulos. Me detuve un momento en la puerta para contemplar las carátulas que ornaban la fachada. En la entrada principal leí una inscripción, que decía: «Hareton Earnshaw» Aves de presa de formas extravagantes y figuras representando muchachitos en posturas lascivas, rodeaban la inscripción…

Título: Cumbres Borrascosas

Autora: Émily Brontë

Editorial Universal

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